La amiga prohibida | El hilo Negro

Empecé a salir más seguido, después de estudiar me dirigía de paso al consultorio de mi amiga Claudia, madre de 2 pequeños, muy guapa, ella despertaba una sensación de descontrol en mí, pero había aprendido a controlarme, ya que la respetaba bastante, creo, pero no iba para una consulta, si no, para divagar sobre cosas de la vida, ella tenía algunos problemas maritales y yo el de extrañar a alguien, me encontraría con ella en el pasillo quizás pasaría a su consultorio o por otra parte nos iríamos a un café como acostumbrábamos

– Hola Adrián

– Hola Claudia

Un abrazo y así empezamos; casada, alta, refinada, con el cabello semi ondulado, unos labios rojos pro el labial carnosos, y con una piel tersa y fina, me recibía siempre con una sonrisa en su rostro, encantada por mis logros, compartiendo sus experiencias y problemas, apoyándose en mí en momentos difíciles, éramos amigos, dos adultos, pero con una pequeña diferencia. La edad.

Una tarde de otoño, Claudia mi señora amiga llegaba de viaje de Estados unidos, sus mini vacaciones habían sido muy relajantes para ella, me llamó invitándome a conversar en su hogar, ya que estaba muy cansada por el viaje y tenía muchas cosas que contar, por mí estaba bien, no tenía nada que hacer.

Al llegar su casa, muy elegante por cierto, ella me recibe con un fuerte abrazo, su piel tersa estaba bronceada, el color canela claro le acentuaba muy bien a lo blanca que acostumbra ser, sin embargo era inevitable observar su escote que dejaba al descubierto su brasier de encaje, una vestimenta distinta a la de su consultorio de psicóloga, sus grandes pechos me hacían fantasear, su escote ajustado color palo rosa, dejaba al descubierto esa tira sobre su hombro, mientras formaba unos perfectos senos cubiertos por su blusa floreada, -mierda, pensé que estaba superado- decía en mi mente, sentía esa sensación de atracción al tenerla de una forma distinta a como se acostumbraba ver, estaba muy deseable.

Ella estaba demasiado hermosa, buena, siempre tuve en mi mente su figura tan deseosa cada vez que podría haber un encuentro cercano, pero sabía que era imposible, ya que es casada, pero su cuerpo era carne, y eso es igual sin importar qué, la cual yo quería probar, pero el respeto por delante.

Nos sentamos en la sala, frente a frente, ella comentando sobre su viaje a USA, yo distraído observando su gran escote que no me dejaba tranquilo, no sé si lo notaba, pero a veces sentía que se daba cuenta , y que aún más realzaba su pecho o juntaba los brazos.

– ¿Puedes invitarme un vaso con agua?

– Claro, ¿helada? – contesta-

– Si, está bien

Ella se para, se voltea y va a la cocina, esta oportunidad de ver su recorrido era inevitable, su pantalón pegado daba a notar su encaje mientras sus caderas se movían de lado a lado, era sensual, madura y estaba realmente deseable, me encantaba, no sabía qué hacer. Quería estar dentro de ella, hacerla mía, voltearla y penetrar su dulce bosque, mientras le agarro los pechos y la palmoteo exigiendo que cite el nombre de su esposo.

– ¡Despierta! – me decía en mi mente fantasiosa, pero que rico sería agarrarla y cogerla en todo su hogar. -la abstinencia  me tenía ansioso.

Ella se acerca con el vaso de agua helada y lo coloca sobre la mesa de sala, me ve raro y pregunta.

– ¿Adrián pasa algo?

– No

– ¿Seguro?

– Solo que, hace tiempo que nos conocemos y tú, tú eres tan

– ¿Tan que?

– Eres tan divertida – cojo el vaso con agua y lo bebo-, Claudia

– ¿Sí?

– ¿Alguna vez has hecho algo loco?

– ¿Algo loco como que?

– No sé, romper las reglas, algo que sabes que está fuera de lo normal, algún deseo oculto

– Nada fuera de lo común, no se ha presentado la oportunidad – responde

– ¿Y no te gustaría salir de ese círculo si se presentara la oportunidad?

– Pero ¿cómo qué?

– No lo sé, tal vez, ¿nunca te ha provocado hacerlo con alguien menor que tú?

– Jajaja ay Adrián….

– No, en serio, mírame y respóndeme

– Es que Adrián soy una mujer casada… como crees ya tengo mis años así que…

– ¿Cómo creo que? – respondo – Mírame y dime si nunca te ha provocado

Ella me queda mirando y se ríe

– Es que, como me vas a preguntar eso, más bien ¿cuéntame tú que has estado haciendo?

-No me cambies de tema Claudia

-Ay Adrian ¿podemos hablar de otra cosa?

-No, no podemos, te da vergüenza ese tema

Claudia se ríe, voltea hacia un lado como tratando de evadirme

-¿En serio quieres que te responda?

– Solo respóndeme

– Adrián…

– ¡Ya ves! si lo has pensado…

– Está bien si… pero shshsh soy casada Adrián, no puedo hacer esas cosas … Estás loco tengo esposo, hijos que pensarían de mi

-¿Qué pensarían? ¿tienen que enterarse con quien tienes sexo?

-Adrián ya, no nadie tiene que saber esas cosas, solo que no, no se puede

– ¿No se puede porque no quieres o porque no has tenido la oportunidad?

– No se puede y ya … No preguntes, soy casada ya lo sabes

Ella trata de pararse, pero la tomo del brazo y le digo- siéntate, mírame a los ojos y dime.

– Soy casada, no, está mal Adrían, no tienes porque…

– ¿Por qué, qué? ¿por qué tratas de huir?¿Y si no estuvieras casada, la historia sería otra?

– Estoy casada ya te dije, mi esposo, y nada más,  no puedo hacer nada

– Te das cuenta de que el único inconveniente es que estás casada y si solo omites esa palabrita, ¿Lo harías verdad?

– No, no es solo esa palabrita como dices, además yo tengo 40 no soy tan joven como para esas cosas, ya pasó mi tiempo

-¿tiempo? si eres bella, hermosa, te vistes muy bien, te sabes arreglar, pareces de 30, ¿en serio?

Ella se sonrojó, se queda muda con cara de pícara

– ¿Mírame, en serio no te provoca?

– Adrián…

-Responde

–  Ella se intimida y me mira

Si, si me gustaría

– Ya vez, no era tan difícil admitirlo , pero hay algo que aún tengo duda ¿Y tu esposo? siempre que vengo nunca está, siempre te veo sola.

– Bueno como sabrás no estamos bien, y hasta ahora no arreglamos casi  nada, ya te conté mis problemas y esa fue la razón de mis vacaciones quería estar tranquila con mis hijos y mi madre, mientras él se centra en su aburrido trabajo.

– ¿Yo te gusto?

Se sorprende con mi pregunta

– Ja, ja, ja ay… eres mi amigo lindo

– ¿Segura? ¿solo eso? tu amigo lindo

– Si eres mi amigo, además, nos doblamos la edad Adrián

– Pero te gustaría probarme ¿cierto?, dímelo, después de todas las cosas que te he contado de Alexa, ¿no te provoco ni un poquito?

– Ja, ja, ja ay me das curiosidad, eso es todo

– ¿Segura?

– Si…

– No te creo

– Siiii Adrián, no hay nada más

– Entonces explícame ¿Por qué ya no me miras a los ojos, eres psicóloga, acaso te intimido? y si te das cuenta aún mi mano sigue en tu brazo

Ella levanta la mirada, me observa, yo la observo…

-Tener 40 no es sinónimo de vejez y tener 25 no es sinónimo de ser precoz o inexperto mi querida, y eso lo sabes bien.

Yo tengo una persona especial a quien creo que quiero, pero ella no está y no sé cuándo vuelva, por eso continúo mi vida,  y tú a tu esposo que no para, con quien tienes tus problemas maritales, aparte de tener  2 hijos, tú quieres algo distinto, yo también, me deseas a pesar que no lo dices, ¿Acaso el sexo es un impedimento? yo quiero probarte y desde hace mucho, y tú te mueres por tener sexo con alguien menor que tú y que te haga sentir algo distinto, a sentir una adrenalina de tener alguien menor que tú cabalgándote y dándote.

Ella me mira voltea la cara se sorprende, -mírame a los ojos y dime que no quieres, vamos dímelo- Ella suspira…

-Perdóname por lo que haré, le doy un agarre en las nalgas ¿esto quieres no? que te agarren fuertemente y te deseen.

Ella mira se asusta, -respétame, qué te pasa -dice

– ¿Así, y por qué no quitas mis manos?

Me mira y comienzo acercarme a su cuello -dime que no te desespera que te bese por aquí mientras tu cintura es mía, vamos quita mi mano, ¿por qué no lo haces? Yo sé por qué, no quieres, quieres que siga aquí enfrentándote duramente.

Ella muda, suspira bajito, comienza a soltarse cogerse de mi polo mientras nos seducimos y quitamos la ropa, su blusa desprendiéndola despacio mientras su mirada se centra en mis ojos, mis manos tiemblan un poco y ella solo me sigue acariciando los brazos, bajándome el cierre, está muda, dejó al descubierto su traje negro, tenía una lencería, creo que es un conjunto completo de encaje, no podía creer lo que estaba por suceder, ella dejándose llevar, me excitaba su cuerpo era mío, era mía, quería comerla como nunca, esa piel prohibida quería hacerla gemir más de lo que su marido pudo hacerle sentir, quería darle la mejor noche de placer después de mucho tiempo que haya tenido, le metí la mano al calzón negro de encaje y comencé a estimularla mientras nos recostamos en el mueble de su sala, ella gime cree que puede intimidarme pero su edad no es delito ni señal de intimidación, la volteo, y subo mi pene por sus nalgas, así te gusta sentir, dime, – mientras la palmoteo con fuerza-

– ¿Alguna vez te lo hicieron con tanta rudeza y seducción?

Contenido Bloqueado
Este contenido esta bloqueado, agrega un comentario para desbloquearlo! NOTA: si comentas palabras raras como \"saokaskdjaskjjjj\" bloqueare tu ingreso y no podrás volver a leer ninguna historia jamás ya que puedo ver de que pais, ip y de donde es el comentario.

128 comentarios en «La amiga prohibida | El hilo Negro»

  1. Neta no puedo creer que exista alguien como Tu, no tienes pena ni miedo ni vergüenza de escribir este tipo de historias sin peros ni porqués.
    💧🙊

    Responder

Deja un comentario

error: Contenido Protegido copyright (©) 2020 | Normas legales

¡Suscríbete a mis historias hot 🔥!

Escribe tu email y recibe las historias en tu correo 100% sin censura 😈

Gracias por suscribirte :D