En el auto público | El hilo negro

Era una mañana de verano, las calles estaban saturadas, el calor que emanaba el sol era muy fuerte, los autos pasaban llenos y tenía que irme a la universidad, paré un bus y subí, estaba demasiado lleno, tenía que arrinconarme por no decir ‘pegarme’ a otras personas, la mayoría eran chicos, algunos rozaban sus miradas por el cuerpo de las chicas, otros parecían que a propósito se pegaban a otras, típicos morbosos, parece ser que nunca había visto a una chica en vestido, hacía demasiado calor así que me puse mi vestido azul oscuro un poco pegado que me llegaba, mejor dicho que no me llegaba ni ala rodilla, junto con mis zapatillas blancas, una pulsera y cadenita plateada y mis labios al natural, en fin. La gente amontonada, era demasiado incómodo viajar así y el calor era muy fastidioso.

Frente a mí estaba una pareja sentada, a mi lado derecho una chica muy bien vestida pero con una cara de mojigata y al lado izquierdo un hombre de aproximadamente 38 años.

El sudor de este calor infernal ya se notaba en mi cuerpo, la aglomeración era asfixiante y este mal humor que tenía por mi falta de encuentros casuales, mi abstinencia me tenía con un humor de mierda, era fastidioso no conocer alguien de confianza, algún amigo con derecho o un novio para poder dejar fluir estas ganas, tampoco era una puta que se mete con cualquiera aunque, el conocer personas nuevas siempre era lo mío, pero tampoco era una cualquiera, fácil jamás, difícil siempre, obvio tienen que hacer méritos, aunque a veces los méritos sobran y a veces una solo quiere que estén dentro, además siempre vi la igualdad entre hombres y mujeres con respecto a la sexualidad.

El bus seguía su ruta y llegó hasta un paradero muy concurrido donde se escucha al cobrador decir:

– ¡Baja, baja… rápido pues mamita, espera, espera, están bajando!

Típicas frases de cobradores que se escuchan a diario y para las que tenemos la mala suerte de ir en bus, -maldita pobreza-, ya estaba acostumbrada. Quedaron pocas personas, me dirigí al asiento del fondo sentándome en el último arrinconándome al lado izquierdo.

Por fin sentada, algo calurosa pero pude descansar mis pies que ya me dolían, durante el camino miraba las calles por la ventana, hasta que la ruta del bus llegó a pasar por un complejo deportivo, a afueras de este pude notar varios chicos trotando, haciendo deporte, bastante formaditos, y uno que otro con buena figura, algunos exageraban con sus músculos, pero era un mini paraíso para deleitarse los ojos un momento, mis hormonas solo deseaban que por lo menos el carro se detenga y suba uno para apreciarlo mejor, de repente en al detenerse en el paradero veo un chico de cabello castaño oscuro muy lindo, en bividi que me llamó mucho la atención, su sudor dejaba marcado su piel canela, comencé a sentir esa sensación, ese cosquilleo picante dentro de mí, dentro de mi cabeza y mi interior, me atrajo, me gustó, en otras palabras me excitó con solo verlo y mis hormonas comenzaron a revolotear, solo ver la transparencia de su cuerpo me dio pie al morbo e imaginé, él estaba afuera, yo dentro del bus ¿qué sería hacerlo aquí? Nunca lo había hecho, así que comencé a presionar mis labios disimuladamente mientras lo veía, el cuerpo se me sacudió por dentro y solo contorsionaba el cuello de deseo, obviamente con disimulo, el trayecto continuó, y ya no tenía frente a la ventana a ese chico que me despertó la excitación de mi cuerpo, lástima, las ganas se quedaron, sin embargo al otro extremo de la hilera de asientos de donde me encontraba estaba sentado el hombre que aparentaba tener unos 38 años, no importa, me dije, lo quedé mirando, lo encontraba atractivo así que no dejé ir esas ganas, comencé a calentarme fabricando un poco a los chicos que observé y las fantasías que tenía de hacerlo en el auto, era inevitable, sentía como poco a poco mis pechos se comenzaron a endurecer, sentí cómo la tirita de mi brassiere se ajustó y como mis pezones marrones hacían presión con la tela, los sentía duros, una pequeña comezón se situaba sobre mi pelvis que me hizo inclinarme hacia delante un poco, sobre mi clítoris ya podía sentir esa pequeña electricidad, sentía que mi vagina vibraba, esa comezón de placer empezaba a aumentar, movía mis piernas disimuladamente, y las comencé a juntar de a pocos, envolver una con otra de a poquitos, las dejaba unos segundos presionadas hasta sentir un calor y una vibración realmente excitante, luego las separaba, era muy placentero que mis ojos ya empezaban a desviarse, se sentía muy bien esa sensación como si trataran de penetrarme, el roce de mi ropa interior hacía presión sobre la línea íntima de mi cuerpo, mi sexo se calentaba y eso me ponía aún más, puesto que estaba depilada y todo el roce era más sensible y se disfrutaba mejor, levanté una pierna y  la crucé, sentí como el roce de mi calzón hacia flexión sobre mi vagina, sobre mi clítoris, una línea de penetración como si tratara de entrar, sentía que quería explotar ahí abajo, fue tan placentero que comencé a apretar mi entrepierna cruzada más y más, me movía disimuladamente para que no sospechara nadie, como si me acomodara la mochila que tenía puesta, era muy morboso, podía sentir placer en público, nunca antes lo había hecho hasta este extremo y el morbo de un autobús público o que me descubrieran era adrenalina pura.

Mi cuerpo se desesperaba cada vez más ideando formas de poder estimularme, miraba de reojo al señor de 38 años, de vez en cuando notaba que me observaba las piernas la cual tenía cubiertas con panties negras, pensé muy bien en hacerlo o no, tenía una idea loca de robarme su mirada y ver su cara de sorprendido, no tenía nada que perder, me percaté de su bulto en el pantalón, su pene estaba erecto, así que volteé y continué en lo mío,  presión en mis piernas, ¡yuju! bendita sea la ventaja que tenemos las mujeres, decía en mi mente; masturbarme sin que se den cuenta era algo ventajoso para mí y quería hacerlo, mi cerebro ya no pensaba en otra cosa más que de sentir un miembro dentro de mí  así que bajé mi pierna, las separé un poco colocando mi mochila marrón encima para que no se notara, subí mi vestido azul del lado de la pierna izquierda , no mucho y disimuladamente metí mi mano izquierda por entre mi pierna, comencé a sobarme sobre mi ropa interior celeste, un modelo cachetero estampado con lacitos de color blanco y de borde de elástico de encaje pequeño que recién me había comprado, se sentía tan bien, mi piel efectivamente estaba caliente, era rico, algo intimidante pero desesperante, y mucho morbo me invadía, mis glúteos presionaban el asiento, comencé a moverme un poquito más, a acelerar el ritmo de mi mano, el señor me comenzó a observar,

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142 comentarios en «En el auto público | El hilo negro»

  1. Jaja super la historia ya mucho que no leía tus historias Carlos se me había olvidado tu forma de redactar asi que opte por reeleer todas de nuevo. En fin eres un gran escritor.

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    • Pude ir imaginando cada detalle de lo escrito y bueno no fue difícil llegar a hacer lo mismo de la historia . 😄😄 , una historia interesante y muy detallada.. éxitos

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  2. Woo me gusta como te explayas, y cuentas cada detalle en la historia haciendo que pueda imaginarlar y sentir ese pequeño pero notorio calor en el cuerpo. Espero porder leer el siguiente capítulo asi tambien el capítulo 5. Gracias por éstos placeres de lectura.

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  3. Es muy imteresante y cautivamente, algo completamente nuevo para mi pero excelente. Esta muy bueno, y quiero ser una de las primeras en tener la siguiente parte.

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