El desayuno de Mafer | El Hilo Negro

Me dicen Mafer, así me llamo, no soy la abreviatura de ningún nombre como Maria Fernanda u otros, simple, bonita, desde pequeña he sido una chica muy curiosa, me gustaba entrometerme en todo, impaciente, traviesa y extrovertida, no dejaba de romper cosas, y molestar a mamá, Estudio en una academia preparándome para la universidad donde todos me consideran tranquila, pero nadie conoce ese lado mío, aquel que me hace conocer y vivir nuevas experiencias como la que voy a vivir.

Todo comenzó desde que pasé por el cuarto de mi hermano y lo vi viendo porno, por supuesto él no lo sabía, su puerta estaba semiabierta, y por la abertura comencé a observar el monitor, era la primera vez que veía esas escenas que para ese entonces me resultaba ser algo “inocente”, mi hermano solo se quedaba de espaldas algo extraño, quizás por eso siempre le ponía llave a su puerta; a partir de ese momento quería saber por qué lo hacían, ¿Por qué una chica desnuda se tocaba ahí abajo?¿O por qué un chico la tocaba libremente? ¿por qué ella dejaba que el chico le introdujera su pene a su cosita que yo también tenía? No lo entendía, regresé a mi habitación, llena de curiosidad y muchas preguntas traté de imitar lo que había visto, comencé a tocarme por primera vez, y fue ahí que poco a poco comencé a descubrir, sensaciones que mi cuerpo percibía por primera vez, eso me llevó a querer experimentar cada vez más con mucho cuidado y secreto, tenía miedo que mis padres podrían enterarse, no sé por qué tenía mucho miedo, se volvió algo que me gustaba hacer y poco a poco aprendía más, miraba en internet algunos videos, en la televisión, y sola fui aprendiendo a conocerme a mi misma, a descubrirme mucho, me sentía con mucha confianza y me hacía quererme más.

Llegué a perder mi virginidad antes de pasar a quinto año, mi ex un vago idiota de esos blanquitos que no llaman la atención, un inmaduro, en fin. No fue algo tan placentero, ambos éramos inexpertos, más él, creo, porque yo si conocía dónde y cómo deben tocarme para dejarme llevar.

Después de él, conocí algunos otros chicos, me fue mejor, un chico tenía muy grueso su miembro y sentía mucho placer cuando lo metía, lastimosamente nos separamos, pues vivía muy lejos.

Conocí y tuve un par de experiencias más, ninguna sorprendente ni nada fuera de lo común, no era mala en el sexo, y si no había chicos, yo misma era..

Poco a poco dejé de frecuentar con chicos, no quería que  pensaran que era una fácil o hablaran mal por si creen que me acuesto con todo el mundo, algunos si eran maduros, pero nunca falta el idiota mal hablado como si ellos no lo hicieran con quienes quieren ¿diferencias por ser mujer? no. Bueno si fuera chico eso cambiaría, los hombres tienen tanta libertad que a ellos no les dicen nada. Es más, según dicen “les hace ver más hombres” incrédula sociedad.

Empecé a dejar a un lado esos encuentros, y tratar de concentrarme en mí, sin nada de actividad sexual, pero mi cuerpo no estaba acostumbrado, las noches y los días comenzaron a volverse muy calurosos, mi cuerpo ya no tenía cómo desfogarse, las sensaciones me invaden demasiado, el ejercicio, la ducha, las caminatas, eso ya no estaba funcionando conmigo, veía escenas porno cuando me encontraba sola en casa, pero sabía que era una masoquista por no tener a nadie con quien desfogar este placer, quería llamar a mi amigo, pero no, -no quiero que piense que soy fácil y creo que le gusto- era algo fácil asimilarlo, pero por las noches la calentura a veces no me dejaba dormir, comenzaba a tocarme pero eso solo calmaba una pequeña parte mía, quería sentir algo dentro de mí, carne, algo grueso que me descontrole y me haga sentir una gata, loba salvaje.

Un sábado por la mañana, las hormonas me habían ganado, mi cara de gruñona ya era clásica, mi mamá pensaba que todos los días tenía la regla.

– Buenos días ma…

– Mafer a desayunar…

– Sí, ya…

Me senté en la mesa y pude ver los panes, y al lado derecho algo grueso y largo…

– Mamá ¿qué has hecho para desayunar?

– Hot dog, pan, jugo de naranja, hay yogurt en el refrigerador.

¿Hot dog?… creo que fue una mala idea escuchar eso, lo quedé  mirando, su forma tan parecida a aquello que me hacía suspirar, se me vinieron a la mente muchas ideas muy locas, pero ¿qué estaba pensando? -Mafer cálmate, estás con ganas, pero no, eso no- me repetía una y otra vez, mirando fijamente mi desayuno.

-¡Mafer desayuna! – grita mamá –

Desperté del trance con un “Sí, ma” entre dientes.

Comencé a desayunar y las ganas no se terminaban, seguía muy caliente, su forma me hacía fantasear con un     pene, y uno de esos juguetes sexuales que venden por internet, eran muy caros y no tenía dinero para comprarme uno.

Al terminar, mamá va al mercado y me quedo sola limpiando la mesa, abro el refrigerador y ahí estaba el empaque.

Lo comencé a mirar fijamente, largo, algo grueso y de tamaño promedio, había como 6, se ve tan… metí mi mano debajo de mi short de pijama y comencé a tocar mis labios sobre mi ropa interior, sentía un aire helado, puesto que tenía la puerta abierta del refrigerador, estaba comenzando a humedecerme, pero no se sentía igual, quería algo dentro de mí, necesitaba parar este mal humor y matar estas ganas que se estaban pudriendo dentro mío.

Abro el empaque y sin pensarlo mucho saco un hot dog, estaba muy helado, lo lavo muy bien, su tamaño era promedio, de un lapicero, no tan grueso, como el de un plumón, pero si duro, subí a mi habitación, me senté en mi cama, me eche y me baje mi short blanco que tenía adornos de flores, mi calzón celeste estaba algo húmedo, lo baje, vi como mi entrepierna estaba palpitando, mis labios húmedos se notaban, comencé a pasar mi mano suavemente por mi clítoris, era la primera vez que haría algo así, estaba muy lubricada, mis dedos resbalaban fácilmente y este amiguito también lo haría, lo puse sobre mi ombligo y comencé a deslizarlo lentamente haciendo círculos, estaba helado y se sentía realmente una sensación electrizante cuando recorría, ¡Mmmf! El hot dog pasaba lentamente, deslizándose por mi piel clara, me estremecí, pero antes de bajar, lo subí suavemente hacia mis labios, lo comencé a lamer, a chupar lentamente se sentía tan suave tan helado, mi mente comenzó a viajar.

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77 comentarios en «El desayuno de Mafer | El Hilo Negro»

  1. Recuerdo esta historia, es una de las primeras que leí cuando comence a seguirte en instagram y Facebook, y se creo un grupo de WhatsApp… Muy buena historia, deja volar bastante la imaginación

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  2. Me encanto esta historia pues es una de las historias que me tengo interés en leer, hace que tu mente se imaginé casa párrafo que uno va leyendo lentamente, es algo genial

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  3. Felicitaciones !!!! Esta muy chevere la verdad …aunque no volveré. A ver un hot dog de la misma manera jajajajajaja pero bueno jajajaja si estuvo muy bueno hasta la curiosidad me dejó

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  4. Wow..!! Nunca llegue a pensar que una persona llegaría a ese extremo de hacer ese tipo de cosas y mas con un alimento 😱 quede totalmente sorprendida ..
    Quiero seguir leyendo este tipo de libros.

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